La bitácora comienza. Rumbo al sueño americano.

 

En la jornada previa a la salida del intercambio a Estados Unidos se respiraba una mezcolanza de ilusión y nerviosismo por la aventura que en breves horas comenzaría a acontecer.
Las familias recordaban esperanzados que todo estuviera preparado y los chicos y chicas focalizaban su atención en la empresa que iban a experienciar.
Llegó el día 5 de febrero, miércoles, y el punto de reunión en el Aeropuerto Tenerife Norte sería un epicentro emocional entre despedidas y abrazos con alguna lágrima dando vida a la ternura de un corazón compartido que se agitaba entre la dualidad de la lejanía.
Entre alguna anécdota que otra, ya todos en el avión, nos dirigimos rumbo a Madrid para hacer pernocta en un hotel cercano a la terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez.
La llegada al hotel fue un momento de distensión y calma que los aventureros aprovecharon para disfrutar de sus amigos y amigas sin tener mucho en cuenta ni las horas ni el frío que acaecía esa fresca noche madrileña.
Agradable y copioso desayuno para ir en dirección a los procesos de facturación y controles del aeropuerto.
En menos de 24 horas ya habíamos vivenciado la complejidad que conlleva transitar con un grupo de estudiantes gestionando – pasaportes que no se encontraban, maletas que se habían enviado por el itinerario incorrecto, noche de desvelo, extravío de un móvil, entre otros acontecimientos – pero el que se iba a experimentar ahora tenía un peso mucho más gradual.
Problemas con el visado de acceso a los Estados Unidos. Sudor, adrenalina, decisiones rápidas y sobre todo y ante todo, mantener el corazón en calma para sobrellevar este inesperado revés.
Veintitrés alumnos con un profesor transitando los controles y rumbo a la puerta de embarque con la incertidumbre de que una compañera se quedara en tierra.
El acompañamiento que tuvo y las gestiones realizadas por el docente que estuvo junto a ella dieron celeridad a los pasos a seguir. Ahora, únicamente la suerte y el caprichoso devenir darían la respuesta, esperando ansiosamente el veredicto que podría alargarse mucho más del tiempo que disponíamos para entrar en el avión rumbo a Chicago.
Los ojos se abrieron, las pupilas se dilataron y el músculo cardíaco agitó con alegría al ver a la compañera y al profesor entrando en la puerta de embarque. Fortuitos momentos que concluían con el cariño y el deseo de viajar todos juntos la aventura americana.
Ya en el avión, nos dispusimos descansar, entre las 9 horas que separan los dos continentes transitando en vuelo el Atlántico Norte para unir las dos ciudades.
El planeo fue descendiendo y pronto se divisaría una campiña blanqueada por la nieve que al parecer haría presencia durante toda nuestra estancia en estás continentales tierras.
Al pisar el suelo de América, los lazos entre los alumnos se estrecharon arropando con dulzura un alma perpleja que requería del calor fraterno del otro para sentir que estaba en compañía, en torno a una familiar despedida.
Seguimos hacia adelante y, paso a paso, fuimos pasando los diligentes procesos de salida del aeropuerto americano. Ya todos fuera, nos dispusimos a coger un bus que nos llevaría rumbo al Hi Chicago Youth Hostel, justo en el centro de la ciudad de los siete vientos.
La llegada al Hi Hostel Chicago fue una toma de tierra para ir asentando tantos acontecimientos y vivencias que no estaban prescritas en nuestro cuaderno de bitácora. Nos dispusimos a prepararnos, a calmar la agitación y a sentir que estábamos ya cerca de conocer a las familias que nos arroparían durante estas dos semanas.
La cena en Chicago fue muy carismática y típica americana. Un salón de madera, en un pub temático de fútbol americano donde las deep dish pizzas y los starters deleitaron y saciaron nuestro apetito.
Tiempo de descanso y a prepararnos para la mañana siguiente.
Añadiríamos otro toque de tensión -cuestion de puntualidad- al viaje en el momento que el shuttle nos esperaba para concatenar con el bus que nos llevaría durante unas 6 horas a Cleveland.
Preciosos paisajes nevados en un viaje para amenizar con un descanso, o charla en el que la agradable conductora del bus nos desearía, ya a nuestra llegada, “have a great time here, Spanish group”
En la gélida llegada a Cleveland nos esperaba otro bus que con el hielo que formaban las gotas de agua parecieran estalactitas de cristal. La calidez llegó en forma de abrazos y de un “Bienvenidos chicos” que esbozó la responsable del intercambio en Estados Unidos, la profesora Darla.
Ahora, comenzaban los momentos de impaciencia más a flor de piel, de cuestionarse si e estaba preparado o no para conocer a la familia americana y un sin fin más de cuestiones que se desvanecerían al otear al horizonte el Highland High School y a las familias esperando con ilusión, buen hacer y los brazos abiertos para dar una cordial bienvenida a nuestros alumn@s.
Fin de semana en familia con numerosas actividades – una inmersión real y experiencial – es lo que depararían los siguientes días de convivencia.