Lágrimas que derriten el hielo. Despedida.

*Lágrimas que derriten el hielo. Despedida.*

La nieve se fue derritiendo a medida que la calidez humana fue cobrando intensidad y sentido a medida que los lazos de amistad se iban entrelazando.
Tras el último fin de semana en familia en el que los alumn@s realizaron numerosas actividades llegó el amargo momento de la despedida.
La mañana comenzó con el acompañamiento de los alumnos americanos a las clases hasta que se pudiera amenizar con un brunch preparado por las familias.
Mientras se disfrutaba de la comida las risas, el compartir momentos y rememorar hazañas fue la tónica de ese momento.
Y apareció de repente el momento que no querían que llegara…un hasta luego empañado en lágrimas que, por seguro, dará vida a amistades que transitarán más allá del océano.
La guagua de vuelta de Cleveland a Chicago tuvo una melodía silenciosa, una canción triste con la inercia del cariño y respeto mostrado por las familias e instituto americano.
Algo más de 6 horas y divisamos el monumental Downtown de Chicago, segunda ciudad con más rascacielos de los Estados Unidos, meca de la arquitectura moderna. Neón, luces de colores, edificios colosales…un aire futurístico que colisionaba de manera tajante con la campiña del medio oeste americano.
Llegada al hotel y suculenta cena en el restaurante que nos dio la bienvenida el primer día de viaje.

La mañana siguiente iba a ser fría pero contábamos con la suerte de que el viento nos daría tregua. El magnánimo Museo de Ciencias abriría la ruta planificada durante los dos días a vivir en la Windy City. Enormes esqueletos de dinosaurios, incontables colecciones de taxodermia así como salas temáticas de pueblos y culturas ancestrales daban espacio a que nuestros atentos sentidos acoplaran tanta información.
Paso seguido nos dirigimos al colindante Sheed Aquarium. Un museo zoológico en el que se encontraban numerosas especies de los 5 océanos así como una zona especia dedicada a la zona de los Great Lakes.
Llegó el momento de agilizar el paso a través del gélido frío del invierno de Chicago con rumbo a la Willis Tower pero primero haciendo parada y coger fuerzas en el carismático restaurante Buffalo Wild Wings.
El rascacielos fue espectacular. Se pudo divisar el caer del ocaso e ir descubriendo las luces y sombras de la noche de esta ciudad americana desde esta monumental atalaya.
La cena cambió de planes preestablecidos y se acudió a comprar a un supermercado comida menos hipercalórica. Apetecía descansar y pasar un agradable momento en al segunda planta del Hi Hostel.

El último día de ruta en Chicago parecía darnos una fuerte abrazo a través de sus extremidades de hielo. Comenzamos nuestro paso con la temperatura de -11°C e hicimos parada en un elemento arquitectónico clásico de la ciudad. Muchas fotos y momentos de encuentro a las faldas de esta bella obra de arte.
Proseguimos el rumbo hasta la Torre Hancock para poder vislumbrar a vista de águila los planos diurnos de esta extensa urbe. La torre tiene capacidad de giro de 360° y además cuenta con una zona de inclinación que pudimos usar afrotando el miedo a vértigo como un paso más en esta bitácora.
Durante dos horas en el Wáter Tower shopping center fuimos rumbo a un cercano restaurante mexicano llamado Chipotle. Deliciosas fajitas y burritos deleitaron nuestros paladares y saciaron el hambre que apremiaba.
La jornada proseguía y ahora nos dispusimos a cultivar nuestra sapiencia en el relevante Museo de arte Arts Institute. Invaluable visita a este recinto que engloba numerosas muestras de arte y culturas así como obras maestras de relevantes autores internacionales.
El Noodles Co. aplacaría nuestro apetito y luego rumbo al hotel para ir preparando nuestra vuelta a casa.
Buenos momentos compartidos en el refugio que nos aislaba de las bajas temperaturas en la que la ciudad se encontraba.

En muchas ocasiones el cansancio, por los días de viaje, hizo que el bajar la guardia diera fruto a algún extravío que se logró parchear. Males menores que siempre otorgan tensión a la responsabilidad añadida de un viaje de estudios con menores.

Maletas, traslados, trayectos, pasaportes, billetes, tarjetas de embarque todo un conglomerado que habría que manejar con atención y madurez para que arribáramos a buen puerto sanos y salvos.

Ya en el avión a Tenerife. Mezcla de emociones y sensaciones, copioso aprendizaje y certeza de que este viaje ha sido inspirador y único por su naturaleza basada en la la conexiones interpersonales, los retos añadidos así como los momentos de unión vividos allende el océano.

El compromiso ha sido elevado y complejo y, los lazos de amistad se han forjado a través de la experiencia y de la apertura del corazón más allá de lo preconcebido.

Traspasando los muros de la inexperiencia y de su propio adolescer mostramos gratitud a las alumnas y alumnos por esgrimir su personalidad de manera cristalina y, sobre todo porque, con seguridad, el agradecimiento es mutuo y bidireccional. Más allá de las vicisitudes halladas en el camino debido a la ingenuidad y al yoismo.

Sacando desde dentro para aprender y aprendiendo desde fuera para comprender.

No hemos sido turistas sino viajeros.

 

Inmersos en el corazón americano

Haber disfrutado de la convivencia con una familia americana transitando las costumbres y trasfondo que amablemente ofrecen a nuestros alumnos y alumnas españoles es, definitivamente, un tesoro difícil de describir.

Una experiencia vital que hace que las fronteras se desvanezcan y que reverbere un común sentir cargado de complicidad y alegría a través de unos corazones que se desean encontrar,a pesar del transfondo personal.

Está bitácora continúa describiendo la semana de inmersión en el _Highland High School_ y las actividades planificadas en este periodo.

En el alba de la mañana del lunes tuvimos el primer momento de reunión en el _media center_ . Un remanso de unión y de compartir vivencias que transcurrieron durante la estancia familiar del fin de semana.
A partir de ello Mrs. Knapp, la directora del Highland High School, ofreció su cálida bienvenida y tanto los profesores y encargados del intercambio, Darla y Rob, mostraron una cuidada presentación sobre Ohio y el entorno circundante.
Después de ofrecer un suculento desayuno se dispuso a seguir con la planificación de esta jornada en torno a un _shadowing_ -acompañamiento del compañero/a americano/a a su aula y asignatura -por lo que el alumnado se organizó para tener una mañana de clases de inmersión real. Previamente se había realizado una visita a las instalaciones pasando por las clases de Educación Especial, idiomas, Educación Física y arte digital.

El siguiente día nos depararía el sentir la historia musical de Cleveland a través de los potentes acordes que el _Rock & Rock Hall of Fame_ nos otorgaría, abriendo sus puertas a un eterno estilo musical cargado de anécdotas. Comenzamos con una extensa exposición sobre la música y su influencia en nuestra historia. Tras el sopor de esta silente sentada durante considerable tiempo se anhelaba disfrutar de las instalaciones, ¡tocaba darle vida al rock! Guitarras, batería, inesperado concierto cooperativo, clásicos del rock y atrezzo avivaron la llama que se despertaba a través de un pentagrama de emociones.
Era momento de partir y comer algo en el _Tower City Shopping_ Center y tras un fugaz descanso, rumbo nuevamente al High School.

El miércoles sería un día pintoresco comenzando la matutina jornada en una zona cargada de matices y sabores mediterráneos, el carismático barrio de _Little Italy._
A partir de ahí, nos dispusimos a hacer ruta hacia el _MOCA_ -el Museo de Arte de Cleveland- una magnánima estructura que albergaba en su regazo desde antiguas colecciones de arte oriental a obras contemporáneas pasando por nativos americanos, época victoriana, entre otros.

El gélido amanecer del jueves estuvo cargado de incertidumbre. Nos avisarían si no se acudiría a la escuela por inclemencias meteorológicas -fuertes nevadas- y la comunicación sería a las 6am por lo que la duda estaba presente hasta ese momento.
En este caso, afirmativo. Habría que ir al colegio ya que los quitanieves se encargaron de su temprana labor.

La jornada de este día estuvo matizada por la alegría y fascinación que desprendían los niños y niñas de la _Elementary School_ -escuela primaria- así como la timidez de los de la _Middle School_ -nivel de secundaria-

La visita a los colegios del distrito fue muy plácida ya que muchos de los pequeños/as tocaron nuestros corazones ablandando nuestros sentidos y dándonos nuevamente una oportunidad para percibir al otro/a con cariño y ternura.

Profundas enseñanzas, otorgadas en este día, que ayudarán a conformar, como persona, paso a paso en el transcurso de la juventud.

Último día de bitácora en esta semana visitando el _Career Center_ – Formación profesional –
Interesantísima actividad en la que disfrutamos, como punto de inicio, de una charla explicativa sobre el funcionamiento del proceso de acceso a la formación profesional.

A continuación, se nos abrieron las puertas a visitar las instalaciones en la que una agradable guía fue describiendo los quehaceres entre los que se encontraban talleres de mecánica con enormes camiones, infografía digital, construcción de herramientas para la NASA y operaciones de cirugía, entrenamiento personal y Sports and Medicine, puericultura, auxiliares de veterinaria y enfermería y hasta pudimos vivenciar en el Crime and Justice de un trabajo de rol de criminología y reducciones de articulaciones así como de preparadores físicos en unos circuitos motrices preparados para desarrollar la condición física.
Un día a recordar, una experiencia a tener en cuenta.
Acto seguido, rumbo a la escuela, reunión en el media center y a pasar el último y largo fin de semana en familia.

¡Cómo se nos iba a pasar! El colofón final de la semana. Un Pep Rally -evento multitudinario para recaudar fondos y hacer equipo- en la que los españoles/as fuimos protagonistas disfrutando de un evento puramente muy americano.
Seguimos en la aventura americana.

La bitácora comienza. Rumbo al sueño americano.

 

En la jornada previa a la salida del intercambio a Estados Unidos se respiraba una mezcolanza de ilusión y nerviosismo por la aventura que en breves horas comenzaría a acontecer.
Las familias recordaban esperanzados que todo estuviera preparado y los chicos y chicas focalizaban su atención en la empresa que iban a experienciar.
Llegó el día 5 de febrero, miércoles, y el punto de reunión en el Aeropuerto Tenerife Norte sería un epicentro emocional entre despedidas y abrazos con alguna lágrima dando vida a la ternura de un corazón compartido que se agitaba entre la dualidad de la lejanía.
Entre alguna anécdota que otra, ya todos en el avión, nos dirigimos rumbo a Madrid para hacer pernocta en un hotel cercano a la terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez.
La llegada al hotel fue un momento de distensión y calma que los aventureros aprovecharon para disfrutar de sus amigos y amigas sin tener mucho en cuenta ni las horas ni el frío que acaecía esa fresca noche madrileña.
Agradable y copioso desayuno para ir en dirección a los procesos de facturación y controles del aeropuerto.
En menos de 24 horas ya habíamos vivenciado la complejidad que conlleva transitar con un grupo de estudiantes gestionando – pasaportes que no se encontraban, maletas que se habían enviado por el itinerario incorrecto, noche de desvelo, extravío de un móvil, entre otros acontecimientos – pero el que se iba a experimentar ahora tenía un peso mucho más gradual.
Problemas con el visado de acceso a los Estados Unidos. Sudor, adrenalina, decisiones rápidas y sobre todo y ante todo, mantener el corazón en calma para sobrellevar este inesperado revés.
Veintitrés alumnos con un profesor transitando los controles y rumbo a la puerta de embarque con la incertidumbre de que una compañera se quedara en tierra.
El acompañamiento que tuvo y las gestiones realizadas por el docente que estuvo junto a ella dieron celeridad a los pasos a seguir. Ahora, únicamente la suerte y el caprichoso devenir darían la respuesta, esperando ansiosamente el veredicto que podría alargarse mucho más del tiempo que disponíamos para entrar en el avión rumbo a Chicago.
Los ojos se abrieron, las pupilas se dilataron y el músculo cardíaco agitó con alegría al ver a la compañera y al profesor entrando en la puerta de embarque. Fortuitos momentos que concluían con el cariño y el deseo de viajar todos juntos la aventura americana.
Ya en el avión, nos dispusimos descansar, entre las 9 horas que separan los dos continentes transitando en vuelo el Atlántico Norte para unir las dos ciudades.
El planeo fue descendiendo y pronto se divisaría una campiña blanqueada por la nieve que al parecer haría presencia durante toda nuestra estancia en estás continentales tierras.
Al pisar el suelo de América, los lazos entre los alumnos se estrecharon arropando con dulzura un alma perpleja que requería del calor fraterno del otro para sentir que estaba en compañía, en torno a una familiar despedida.
Seguimos hacia adelante y, paso a paso, fuimos pasando los diligentes procesos de salida del aeropuerto americano. Ya todos fuera, nos dispusimos a coger un bus que nos llevaría rumbo al Hi Chicago Youth Hostel, justo en el centro de la ciudad de los siete vientos.
La llegada al Hi Hostel Chicago fue una toma de tierra para ir asentando tantos acontecimientos y vivencias que no estaban prescritas en nuestro cuaderno de bitácora. Nos dispusimos a prepararnos, a calmar la agitación y a sentir que estábamos ya cerca de conocer a las familias que nos arroparían durante estas dos semanas.
La cena en Chicago fue muy carismática y típica americana. Un salón de madera, en un pub temático de fútbol americano donde las deep dish pizzas y los starters deleitaron y saciaron nuestro apetito.
Tiempo de descanso y a prepararnos para la mañana siguiente.
Añadiríamos otro toque de tensión -cuestion de puntualidad- al viaje en el momento que el shuttle nos esperaba para concatenar con el bus que nos llevaría durante unas 6 horas a Cleveland.
Preciosos paisajes nevados en un viaje para amenizar con un descanso, o charla en el que la agradable conductora del bus nos desearía, ya a nuestra llegada, “have a great time here, Spanish group”
En la gélida llegada a Cleveland nos esperaba otro bus que con el hielo que formaban las gotas de agua parecieran estalactitas de cristal. La calidez llegó en forma de abrazos y de un “Bienvenidos chicos” que esbozó la responsable del intercambio en Estados Unidos, la profesora Darla.
Ahora, comenzaban los momentos de impaciencia más a flor de piel, de cuestionarse si e estaba preparado o no para conocer a la familia americana y un sin fin más de cuestiones que se desvanecerían al otear al horizonte el Highland High School y a las familias esperando con ilusión, buen hacer y los brazos abiertos para dar una cordial bienvenida a nuestros alumn@s.
Fin de semana en familia con numerosas actividades – una inmersión real y experiencial – es lo que depararían los siguientes días de convivencia.